Se realizó el primer taller de hilado artesanal de El Impenetrable

Más de 20 mujeres vecinas de las inmediaciones del Paraje la Armonía, ubicado en el acceso al Parque Nacional el Impenetrable, asistieron a lo largo de tres jornadas al Primer Taller de Hilado Artesanal Teñido con Tintes Naturales. La capacitación contó con la participación de la diseñadora textil Natalia Orozco y la tejedora artesanal Viviana Soto, como invitadas especiales.

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Este Primer Taller de Hilado Artesanal se dispuso en el marco del programa comunitario ‘Emprendedores por Naturaleza’, que lleva adelante la Fundación Rewilding Argentina, con el fin de promover el desarrollo de una economía regenerativa para los residentes locales del área protegida. Con la aplicación de este programa de desarrollo social se busca mejorar el ingreso de los emprendedores de bienes y servicios locales, que produzcan con la marca ‘Impenetrable’. Esto permite el fortalecimiento y puesta en valor de las tradiciones de la región y el acervo cultural, a partir de la confección de manualidades como artesanías en cuero, madera, cerámica, lana cruda, etc.


En este contexto la referente y coordinadora de comunidades Fátima Hollmann destacó que el programa ‘Emprendedores por Naturaleza’, deviene de relevamientos que se realizaron durante el 2020, donde se detectaron necesidades en la población, pero también habilidades que marcaron las pautas a seguir. “De allí surgió la iniciativa de trabajar en tejido de lana de oveja en bastidor. La mujer criolla, de campo -que es el público con el que  estamos trabajando- dentro de las múltiples tareas que tienen cotidianamente en su hogar, solían tejer en lana de oveja para la  confección de mantas, jergones, alforjas y peleros, por lo general para uso personal o familiar”.

“Este es un arte ancestral -explicó Fátima- que se transmitió de generación en generación, aunque últimamente algunos factores como el acceso a los productos  industrializados, las migraciones de jóvenes a centros urbanos y la falta de interés hicieron que estas habilidades se vayan diluyendo con el tiempo”.

“Lo bueno de este primer taller para mujeres tejedoras del impenetrable es que no  solo buscan poner en valor todos los saberes tradicionales, sino que además nos da la oportunidad de que las participantes puedan percibir un nuevo ingreso genuino, ayudando a crear fortalecimiento grupal, orgullo, pertenencia y  arraigo local”, explicó.


De la misma manera como sucedió con el taller anterior de Barro y Cerámica, estuvieron  participando las mujeres cocineras del impenetrable, que además de  prestar un servicio gastronómico gratuito a las participantes, también se están preparando y capacitando para atender a futuros turistas que vayan a visitar el Parque. En este sentido detalló: “Ellas también se están capacitando a la par, son cuatro  mujeres que conforman el grupo y que se estuvieron ocupando del  desayuno y almuerzo. El último día por la noche hubo una comida de cierre que también estuvo a cargo de ellas”.

Fátima Hollmann explicó que “Las mujeres tejedoras vienen trabajando hace algún tiempo con nuevos  marcadores que están inspirados en la flora y fauna del lugar, son piezas que pueden comercializarse con marca territorial y que nos permiten hablar a través de las obras de la importancia que tiene la conservación del monte en pie con todas sus especies presentes”.

Liliana Soto es hilandera y Coordinadora de una Cooperativa de mujeres trabajadoras de Amaicha del Valle, Tucumán donde ella se especializa en producir los hilos, para que las tejedoras puedan realizar distintas confecciones en lana de oveja.

 “Lo que vinimos a aportar es el mejoramiento de la fibra, con técnicas de lavado, mejoramiento y tizado. Toda la preparación antes de hacer el hilado. El hilado fue concebido como un oficio ancestral, que en la Armonía se fue transmitiendo de generación en generación. Las mujeres recordaban a sus abuelas, a sus madres hilando en huso, preparando la fibra para  tejer aperos para el caballo, mantas, fajas o trenzados”.

“Lo que nosotros aportamos es mejorar la calidad de los hilos por la rusticidad que hay en la zona, para poder hacer mejores terminaciones en los productos. Eso lo conseguimos con la rueca que es el torno de hilar que se hace manualmente con pedal y que si bien provee el mismo resultado que el huso, aporta distintos diseños, lo que le da un mayor valor a las prendas”.


“Las más jóvenes que no tenían experiencia con el huso, ni tampoco con la rueca, asimilaron mejor la técnica y la posibilidad de hilar más fino, con la utilización del torno. Me tocó trabajar con mujeres con mucho entusiasmo, ganas de aprender y compartir saberes”, dijo agradeciendo la receptividad y predisposición para el intercambio de experiencias.

Por su parte Natalia Orozco, que es diseñadora  textil especializada en teñidos con tintes naturales, reveló que para ella la clave de su trabajo se fundamenta en gran medida en la investigación de distintas plantas tintóreas para el teñido de las fibras naturales, tanto de origen vegetal como animal, como sería el caso de la lana, el algodón, el lino, etc.

"Es una experiencia maravillosa, porque uno tiene la posibilidad de intercambiar conocimientos que tienen su origen en pueblos originarios. Cada pueblo precolombino tenía sus colores representativos obtenidos a partir de tintes propios de su territorio. Es muy importante recuperar estos conocimientos ancestrales que se han perdido a partir de la industrialización y la aparición de los tintes sintéticos que han ido borrando nuestra huella cultural”.

Poner manos a la obra implicó previamente la tarea de recolección de materia prima: “Trabajamos con más de 15 especies que encontramos entre hojas, cortezas, frutos, semillas aportadas por una diversidad impresionante que tiene el Impenetrable. Todas las participantes estuvieron muy receptivas a esto que yo vine a traer, que es la sistematización del proceso, que tiene que ver con utilizar porcentajes, pesos, proporciones y medidas. Como si fuera una receta de cocina, pero para obtener el color, que nunca va a ser el mismo por distintos factores”.

Para finalizar Natalia Orozco destacó que “en este taller conjugamos el pasado con el presente y con el futuro, no solo por la transmisión de conocimientos, sino también por compartir la experiencia del intercambio generacional: muchas participantes vinieron con sus hijas y nietas, y todas hemos tenido la oportunidad de entender que esto es importante, porque hay personas dispuestas en el mundo a consumir este tipo de creaciones que tienen un alto valor artístico, histórico y cultural. Lo bueno de esta producción artesanal es que lo pueden hacer ellas con sus propias manos y voluntad, con materia prima que ofrece el bosque y sin salir de su territorio para tener que afrontar el desarraigo en alguna ciudad. Trabajamos en sintonía con la naturaleza, cuidando nuestros recursos y nuestras riquezas. Si bien en tres días obtuvimos más de 25 colores, siento que nos quedamos cortas de tiempo, porque quedaron muchísimas plantas por investigar. Pero eso es algo que ellas lo podrán hacer solas”.

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