Según explicó, el escenario actual evidencia que el sendero de desinflación “está roto”, principalmente porque los factores que impulsaban la baja comenzaron a perder fuerza. Entre ellos mencionó el impacto inicial del ajuste fiscal y monetario, que había permitido una caída más marcada en los primeros meses, pero que ahora muestra límites.
El especialista señaló que, si bien la inflación continúa descendiendo en términos interanuales, el ritmo mensual dejó de desacelerarse al mismo nivel, lo que genera dudas sobre la sostenibilidad del proceso. En ese sentido, consideró que para retomar una trayectoria descendente más firme será necesario consolidar variables macroeconómicas clave y sostener expectativas estables.
Pegoraro también advirtió que la evolución de precios dependerá de factores sensibles como tarifas, tipo de cambio y dinámica salarial, elementos que pueden alterar el ritmo inflacionario si registran ajustes significativos. Por eso, remarcó que el contexto exige cautela al proyectar metas ambiciosas.
El análisis refuerza la idea de que la inflación sigue siendo el principal termómetro de la economía argentina y que su comportamiento en los próximos meses será determinante para evaluar la consistencia del programa económico y su impacto en el consumo y la actividad.
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