En ese contexto, distintos actores del sector comercial advierten que la falta de estímulos concretos limita la capacidad de recuperación. El consumo, principal motor de la microeconomía, se ve condicionado por la pérdida de poder adquisitivo y la incertidumbre, lo que se traduce en ventas moderadas y márgenes cada vez más ajustados para pymes y pequeños emprendedores.
Juan Martín Alfonso, presidente de la Cámara de Comercio de Resistencia, señaló que la actividad diaria refleja con claridad esta situación: menor rotación de productos, clientes más selectivos y operaciones de menor volumen. Según explicó, el consumo funciona hoy como un termómetro preciso del estado de la economía real, especialmente en los niveles más chicos del entramado productivo.
Desde esta mirada, la microeconomía aparece como el eslabón más sensible frente a los cambios del contexto macro. Comercios barriales, trabajadores independientes y pequeños prestadores de servicios son los primeros en sentir el impacto cuando el consumo se retrae y también los que más rápidamente podrían reaccionar ante señales de alivio o incentivos.
La expectativa del sector está puesta en la posibilidad de generar condiciones que reactiven el movimiento, ya sea a través de mejoras en el ingreso disponible, acceso al crédito o medidas que incentiven el consumo interno. Mientras tanto, la economía cotidiana sigue moviéndose con cautela, a la espera de señales que permitan dejar atrás la fase de estancamiento y recuperar algo de previsibilidad.
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