El escenario que atraviesa la fabricante de neumáticos FATE volvió a instalar el debate sobre el modelo de apertura de importaciones. En un contexto de mayor ingreso de productos extranjeros, las empresas locales enfrentan una competencia más intensa, especialmente en rubros industriales con altos costos laborales e impositivos. El interrogante central es si la liberalización mejora la eficiencia o acelera procesos de retracción productiva.
Desde el punto de vista industrial, la apertura puede impactar en la rentabilidad de compañías que operan con estructuras de costos superiores a las de competidores asiáticos o regionales. Cuando la competencia externa ingresa con precios más bajos, las firmas locales pueden enfrentar caídas de producción, suspensiones o ajustes de personal. En ese marco, el riesgo es la pérdida de empleo industrial y el debilitamiento de cadenas de proveedores.
Sin embargo, el efecto no es homogéneo en todo el país. En provincias de frontera como Misiones, una mayor disponibilidad de productos importados contribuyó a achicar la brecha de precios con Paraguay, reduciendo el denominado “turismo de compras”. Esto permitió a comercios locales recuperar parte de la demanda que históricamente se fugaba hacia el exterior cuando el diferencial cambiario era amplio.
El dilema económico no se resume en importar o cerrar la economía, sino en cómo se administra la transición. Una apertura gradual puede impulsar competencia y disciplina de precios; una liberalización abrupta puede tensionar el entramado industrial. El caso FATE funciona así como síntoma de una discusión más amplia: cómo equilibrar competitividad, empleo y consumo en un país con realidades productivas regionales muy distintas.
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