El planteo se apoya en adelantar la implantación para reducir riesgos sanitarios y asegurar estabilidad productiva. A eso se suma el uso de riego por surco, con dos o tres aportes de agua por campaña, una tecnología adaptada a suelos de baja retención hídrica que permite pasar del drenaje al riego según la necesidad.
Con una densidad de 65.000 plantas por hectárea y fertilización ajustada a análisis de suelo, el maíz se integra en una rotación que arranca con arroz y continúa con trigo, aportando control de malezas y estabilidad de rindes. Copra S.A. produce unas 1.000 hectáreas anuales destinadas principalmente a su propia ganadería, con rendimientos de entre 7.000 y 7.500 kilos por hectárea, lo que garantiza rentabilidad y seguridad en la alimentación de la hacienda.
Más allá del reconocimiento por el lote primicia, desde la empresa destacan el valor estratégico del cultivo, y que sirve para mostrar que se puede producir maíz en la región y que la mejora de la ganadería está impulsando una mayor tecnificación. Con gran parte del maíz para recría aún importado desde otras provincias, la producción local aparece como una oportunidad clave para hacer más competitiva a la ganadería y consolidar un nuevo perfil agrícola-productivo.
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