Rosamonte expande su negocio orgánico y afianza su estrategia de valor agregado (diversificación, mercados premium y eficiencia productiva)

En un año desafiante para toda la cadena yerbatera, Rosamonte redobla su apuesta por los segmentos de mayor valor con la expansión de su unidad de producción orgánica, un proyecto que demandó cinco años de inversión, certificación internacional y rediseño productivo. La compañía ya opera más de 200 hectáreas certificadas y proyecta alcanzar las 250 en 2026, consolidando escala para competir en mercados premium como Estados Unidos y la Unión Europea.

 

El lanzamiento reciente de su yerba orgánica libre de humo (estacionada de manera natural y en envases mono material reciclable) marca un cambio estratégico en el portafolio de la firma. La empresa busca capitalizar la creciente demanda de productos sustentables, impulsada tanto por consumidores locales como internacionales, y posicionarse en un nicho que, aunque todavía pequeño, exhibe tasas de expansión superiores al promedio del sector.

La visión ambiental de largo plazo no es un accesorio de marketing, sino un vector de competitividad. La certificación integral de plantaciones, secaderos y molinos garantiza trazabilidad completa y un estándar que pocas empresas del rubro pueden ofrecer. En un contexto donde la transparencia productiva se convierte en un diferencial, Rosamonte alinea su identidad de marca con las nuevas exigencias del consumo global.

El mercado interno también acompaña: por primera vez, Argentina consumió más yerba orgánica de la que exportó. Sin embargo, el desafío central sigue siendo la competitividad. Con precios deprimidos por la sobreoferta y una rentabilidad en tensión para productores, secaderos e industriales, la eficiencia operativa se vuelve clave. La empresa afirma haber trabajado en reducción de costos logísticos y productivos para evitar una brecha excesiva entre la yerba convencional y la orgánica.

A la par del negocio orgánico, Rosamonte explora nuevas categorías para diversificar el uso de la yerba mate en coctelería, gastronomía, bebidas energéticas y el segmento fitness. Con estudios internacionales que la destacan como “superalimento”, la compañía busca ampliar el universo de consumo más allá del mate tradicional y construir nuevos mercados de exportación.

En un sector obligado a repensar su estructura y su modelo de rentabilidad, Rosamonte se posiciona desde la inversión, la innovación y la sustentabilidad. Su hoja de ruta es clara: agregar valor, ganar eficiencia y proyectar la yerba mate hacia nuevas fronteras productivas y comerciales.

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