Uno de los ejes centrales es la necesidad de recomponer la rentabilidad luego de campañas marcadas por sequías, altos costos financieros y atraso cambiario. La expectativa de una mayor estabilidad macroeconómica abre una ventana para reactivar decisiones de inversión, especialmente en tecnología, genética y manejo de suelos, aunque el ritmo dependerá de la evolución del crédito y de los precios internacionales.
El clima aparece como una variable determinante. Los modelos anticipan un año con mayor normalidad hídrica en buena parte de la región pampeana, lo que permitiría mejorar los rindes y recomponer reservas de humedad. Sin embargo, persiste la cautela ante la posibilidad de eventos extremos, que obligan a reforzar estrategias de cobertura y planificación.
En este contexto, la competitividad vuelve a ocupar un lugar central. La reducción de costos logísticos, la eficiencia en el uso de insumos y la incorporación de tecnologías de precisión son vistas como condiciones indispensables para sostener márgenes. El desafío, coinciden los analistas, será transformar una eventual mejora macroeconómica en un proceso sostenido de inversión productiva.
Finalmente, el sector enfrenta 2026 con una combinación de prudencia y expectativa. La posibilidad de un mayor orden macroeconómico, sumada a una campaña climáticamente más favorable, abre oportunidades para recomponer capital de trabajo y recuperar dinamismo, en un año que puede marcar un punto de inflexión para la producción agropecuaria.
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