Más allá del escenario, la fiesta se proyecta como un fenómeno cultural y turístico que dinamiza la vida urbana y regional. Hoteles completos, comercios con mayor movimiento, ferias de artesanos y una intensa circulación de visitantes de provincias vecinas como Misiones, Chaco y Entre Ríos marcan el pulso de un evento que se consolida como motor del turismo cultural en Corrientes, en plena temporada estival.
El chamamé, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, volvió a mostrarse como una expresión viva, lejos de la nostalgia y cerca del presente. La fiesta no sólo celebra una música: reafirma una forma de ser, de encontrarse y de proyectar la cultura del Litoral hacia nuevos públicos, con un impacto que ya se siente en el turismo, el consumo cultural y la proyección regional de Corrientes.
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