El punto de partida fue una necesidad cotidiana: mover raídos de entre 80 y 100 kilos desde el interior del yerbal hasta la calle o el camión, muchas veces en terrenos blandos o desparejos y a decenas de metros de distancia. A diferencia de los carritos tradicionales que deben estirarse, este modelo avanza por delante del trabajador gracias a un motor de combustión interna, lo que reduce de manera significativa el esfuerzo físico en una de las etapas más exigentes de la cosecha.
Según información publicada por Misiones Online, el desarrollo no fue inmediato. El primer prototipo tuvo limitaciones, pero el uso sostenido en condiciones reales permitió detectar fallas, mejorar la tracción, adaptar motores y reforzar la estructura. Hoy, el equipo utiliza motores de motos 110 y continúa evaluando alternativas para optimizar el rendimiento y la durabilidad. La experiencia acumulada en el propio yerbal fue clave para llegar a un producto funcional para el trabajo diario.
La presentación del carrito en la Fiesta Nacional de la Yerba Mate, en Apóstoles, marcó el salto a la comercialización. Allí se mostró su capacidad de carga y su versatilidad, ya que puede equiparse con una batea desmontable que permite usarlo también para trasladar mandioca, zapallo u otros productos de la chacra. De este modo, el invento amplía su utilidad más allá de la zafra yerbatera y se integra como herramienta multipropósito para el trabajo rural.
Contra lo esperado, los principales compradores no fueron grandes productores, sino pequeños yerbateros, que encontraron en el carrito una forma de ganar eficiencia y aliviar una tarea pesada sin alterar la dinámica habitual de la cosecha. Con precios que varían según el motor y los implementos, la propuesta se comercializa de manera directa, con demostraciones en campo. En un contexto complejo para el sector, el desarrollo local suma una respuesta concreta desde la producción misma: tecnología simple, nacida en la chacra y pensada para hacer más competitivo y sostenible el trabajo en el yerbal.
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