Producción local y valor agregado en origen (una experiencia que impulsa el desarrollo en el Chaco)

En la localidad de Colonia Benítez, un emprendimiento familiar combina producción y procesamiento para mejorar su rentabilidad, generar empleo y consolidar un modelo sustentable a pequeña escala.

En el entramado productivo chaqueño, donde la escala muchas veces define las posibilidades de crecimiento, comienzan a aparecer experiencias que buscan correrse de ese límite a partir del agregado de valor en origen.

Es el caso de la finca “Don Horacio”, ubicada en Colonia Benítez, impulsada por el productor Néstor Ravarotto, donde la producción no se limita a la venta en bruto, sino que incorpora procesos que permiten mejorar la rentabilidad y ampliar las oportunidades comerciales.

Con una superficie cercana a las 15 hectáreas, el emprendimiento se encuadra dentro de una lógica de producción familiar, característica de buena parte del sector agropecuario en la provincia. Sin embargo, su diferencial está en la decisión de avanzar más allá de la etapa primaria.

La incorporación de procesos como el envasado al vacío permite extender la vida útil del producto, mejorar su presentación y acceder a nuevos canales de comercialización. En términos económicos, esto implica capturar una mayor porción de la cadena de valor, un desafío recurrente para los pequeños productores.

Actualmente, el emprendimiento involucra a unas 25 familias, generando un movimiento económico significativo en la zona y consolidando un circuito productivo con impacto local. La comercialización alcanza tanto a Resistencia como a distintas localidades del interior provincial.

“Esto viene creciendo y nuestro objetivo es que el producto sea cada vez más conocido”, señaló Ravarotto, al referirse a la proyección del emprendimiento y a la necesidad de seguir ampliando mercados.

Este tipo de estrategias no solo impacta en los ingresos, sino también en la estabilidad del negocio. Al reducir la dependencia de intermediarios y de los precios en origen, el productor gana mayor previsibilidad en un contexto donde los costos y la demanda presentan alta volatilidad.

La experiencia también refleja una tendencia más amplia dentro de las economías regionales: la necesidad de integrar producción y procesamiento como forma de sostener la actividad en el tiempo.

En ese marco, iniciativas de este tipo suelen articular con programas de acompañamiento o asistencia, aunque el motor principal sigue siendo la decisión productiva y la capacidad de adaptación de los propios emprendedores.

Más allá del caso puntual, el modelo pone en evidencia un camino posible para la producción a pequeña escala en el Chaco: agregar valor, diversificar y construir alternativas que permitan sostener la actividad en un escenario económico cada vez más desafiante.

Tu opinión enriquece este artículo: