La cadena algodonera argentina dio un nuevo paso en su intento por recuperar competitividad con la presentación oficial de Arandú INTA BGRR IMICott, una variedad desarrollada por el INTA y comercializada por la empresa Gensus que incorpora una característica inédita a nivel mundial: resistencia a herbicidas del grupo de las imidazolinonas.
El lanzamiento se realizó en la planta que Gensus posee en Avia Terai y reunió a autoridades nacionales, referentes del sector productivo e investigadores que participaron en el desarrollo del material. Más allá de la novedad tecnológica, la apuesta apunta a resolver algunos de los principales desafíos que enfrenta el cultivo y generar mejores condiciones para que el algodón vuelva a ganar terreno en el norte argentino.
Una apuesta para volver a crecer
Durante las últimas décadas, el algodón atravesó períodos de fuerte retracción frente al avance de otros cultivos y al aumento de los costos productivos. En ese contexto, tanto el sector público como el privado coinciden en que la incorporación de nuevas herramientas tecnológicas resulta clave para mejorar la rentabilidad y sostener la actividad.
La nueva variedad forma parte de una estrategia impulsada por el INTA, Gensus y distintos actores de la cadena algodonera que busca ampliar la oferta genética disponible para los productores y acelerar la llegada de innovaciones al campo.
Durante la presentación, autoridades del organismo nacional destacaron que el desarrollo fue concebido a partir de demandas concretas de los productores y adaptado a las condiciones productivas de la región algodonera argentina.
Más rendimiento y menos costos
Según los resultados obtenidos durante los ensayos, Arandú mostró mejoras de rendimiento cercanas al 12%, un incremento de alrededor del 7% en la calidad de fibra y una reducción estimada de hasta el 30% en los costos asociados al control de malezas mediante herbicidas.
Los especialistas explicaron que una de las principales fortalezas del nuevo cultivar es su estabilidad productiva y su capacidad para responder a diferentes condiciones ambientales. Además, presenta una arquitectura de planta abierta que favorece la diferenciación entre ramas vegetativas y fructíferas, permitiendo una mayor cantidad de puntos de producción.
Otro aspecto destacado es la calidad de la fibra, una variable estratégica para toda la cadena textil. Los análisis realizados durante el proceso de evaluación mostraron una combinación poco frecuente entre altos niveles de productividad y excelente longitud de fibra.
El primer paso de un plan más amplio
Los responsables del proyecto aseguran que Arandú no debe analizarse como un desarrollo aislado, sino como el primer resultado concreto de un programa más ambicioso orientado a renovar la genética disponible para el cultivo.
La iniciativa contempla la inscripción de diez nuevas variedades durante los próximos cinco años, con el objetivo de ofrecer materiales adaptados a distintas regiones y necesidades productivas.
El nombre elegido para la variedad tampoco fue casual. Arandú significa “sabiduría” en guaraní y busca reflejar la integración entre el conocimiento científico acumulado por los investigadores y la experiencia aportada por los propios productores durante el proceso de selección y mejoramiento.
Para los impulsores del proyecto, el desafío va más allá de una innovación puntual. La meta es construir una nueva etapa para el algodón argentino, incorporando tecnología, mejorando la competitividad y generando condiciones para que el cultivo vuelva a ocupar un lugar central dentro de las economías regionales del norte del país.