La iniciativa se originó a partir de investigaciones del ingeniero forestal Roberto Pascutti, quien logró desarrollar un método para procesar la madera del árbol y convertirla en un producto apto para consumo humano. El resultado es un alimento de textura fibrosa y sabor suave que suele elaborarse en almíbar o confitado.
Actualmente el producto se comercializa en distintas presentaciones, como láminas dulces, bombones, alfajores o mermeladas, y comenzó a despertar interés en la gastronomía regional, donde algunos chefs lo incorporan en preparaciones innovadoras.
Uno de los aspectos destacados del desarrollo es su enfoque sustentable. Para su elaboración no se talan árboles: la materia prima proviene de ejemplares que caen de manera natural en la selva, ya que el yacaratiá no tiene valor para la industria forestal tradicional debido a su alto contenido de agua.
Con el paso del tiempo, esta propuesta comenzó a posicionarse como una curiosidad gastronómica y un producto con potencial para el turismo y la gastronomía regional, sumándose a otros desarrollos que buscan generar valor agregado a partir de los recursos naturales de la selva misionera.