Expertos del sector destacan que esta especie es altamente adaptable a ambientes subtropicales y húmedos, donde otros rodeos pueden enfrentar dificultades. Los búfalos pueden mantener buen estado corporal incluso bajo altas temperaturas y terrenos anegados, lo que contribuye a una mayor eficiencia productiva en comparación con los sistemas ganaderos convencionales.
La población bubalina en Argentina creció más de un 115% entre 2015 y 2025, y la faena de búfalos se incrementó de forma sostenida en la última década, aunque el volumen total todavía es pequeño si se compara con la producción vacuna.
En el NEA, provincias como Corrientes y Formosa concentran una parte significativa del stock bubalino, lo que ya genera impulso productivo y comercial en la región.
Además de la rusticidad de los animales y su adaptación a humedales y zonas con acceso al agua, la cría de búfalos ofrece otras ventajas desde el punto de vista productivo: pueden ser utilizados tanto para carne como para leche, integrándose a distintos modelos de producción.
Proyectos recientes y jornadas técnicas en distintas provincias muestran además que la carne de búfalo, que tiende a ser más magra y con características nutricionales valoradas por consumidores, está consolidando nichos de mercado que pueden complementarse con la producción ganadera tradicional, ofreciendo una alternativa de diversificación productiva.