Según el análisis, tras un 2025 atravesado por fuertes tensiones inflacionarias y financieras, el nuevo año comenzó con mayor calma en los mercados. Algunos sectores empiezan a mostrar signos de reactivación, como la construcción y la maquinaria agrícola, impulsados por expectativas favorables en la actividad productiva y una mejor disponibilidad de agua para el campo.
En materia de precios, se detecta una relativa estabilidad en varios bienes, especialmente en los durables, como electrodomésticos o equipamiento. En el caso de los alimentos, los aumentos aparecen más acotados y puntuales, con subas moderadas en productos como yerba, azúcar y lácteos, mientras que la carne muestra incrementos más visibles.
El mayor impacto sobre los bolsillos se registra en los servicios regulados, como energía, transporte y otros gastos fijos, que continúan ajustándose. Esta situación obliga a muchas familias a reordenar sus gastos, priorizando consumos esenciales y postergando compras no urgentes, a la espera de una mejora en los ingresos reales.
En este contexto, especialistas advierten que la reactivación del consumo dependerá de una combinación de factores, entre ellos la evolución de las tarifas, el acceso al crédito y una eventual reducción de las tasas de interés, claves para impulsar tanto la demanda interna como la inversión.